Si los niños vivimos con golpes, aprendemos a ser agresivos. Si vivimos con burla, aprendemos a ser tímidos. Si vivimos con indiferencia, aprendemos a ser fríos.
Es un honor para mí presentarles el tema “Los niños pedimos poco”
Hace varios días, una maestra le pidió a sus alumnos que escribieran un deseo para Dios. Hubo una carta que conmovió a toda la gente y se publicó en la portada del diario principal de su ciudad. Decía así:
“Señor, tu que eres bueno y proteges a todos los niños de la Tierra, quiero pedirte un favor: Transfórmeme en un televisor…, para que mis padres me cuiden como lo cuidan a él, para que me miren con el mismo interés con que mi mamá mira su telenovela proferida o papá el noticiero. Quiero hablar como algunos animadores que, cuando lo hacen, toda la familia se calla para escucharlos con atención y sin interrupciones. Quiero sentir que mis papás se preocupa por mi, tanto como se preocupan cuando el televisor se descompone y rápidamente llaman al técnico. Quiero ser un televisor para ser el mejor amigo de mis padres y su héroe favorito. Señor, por favor. Aunque sea por un día… Déjame ser un televisor.”
Algunos padres dicen, “yo nunca haría a un lado a mi hijo”, pero todos lo hacen, a veces, mientras ven la película que alquilaron, y otras mientras atienden amigos, trabajo, citas, viajes y compromisos. ¡Es verdad! Los adultos no se comunican con los niños.
Sé de un vecino a quien tratan como estorbo, sus padres le gritan, lo golpean cuando hace travesura y se pelean frente a él, sin importarles la angustia que le producen. Muchos niños viven con miedo indiferencia, burlas y sufren tanto como los pequeños abandonados.
En diciembre fui con mi abuelita a un barrio de gente muy humilde. Nos llamó la atención que un grupo de mujeres ricas asistieran a este lugar para ofrecer desayunos a los niños pobres. Le pregunté a uno de ellos dónde estaba su mamá y me contestó: “Trabaja como nana en la casas de esta señora rica y le cuida a sus bebes mientas ella viene aquí a cuidarnos”
Hay quienes presumen de ser caritativos, pero tienen el corazón hueco. Desean arreglar el mundo, pero dañan a sus propios hijos.
Los adultos son responsables de nuestro nacimiento y en su egoísmo, ignoran que también tenemos necesidades y derechos. Los niños somos personas puras y buenas. Llegamos al mundo con la mente limpios y queremos aprender. Observamos a nuestro alrededor y sólo vemos familias deshechas, pleitos, divorcios, robos. Nuestros padres y maestros nos enseñan a mentir y a temerles.
A una locutora de televisión su hija le preguntó: “Mamá, ¿Por qué tienes una cara tan bonita en la tele y tan fea en la casa?” Ella contestó “Porque en la tele me pagan por sonreír, hija” y la niña agregó: “¿Cuánto debo pagarte para que sonrías en la casa?”
Los niños no queremos dinero, no nos interesan patrimonios o cuantas bancarias, a veces los adultos quieren heredarnos “eso” pero, con todo respeto, ¡es basura! Lo que los niños pedimos es poco. Solo atención e interés. También tenemos nuestros problemas y a veces no hay nadie cerca para platicárselos; también tenemos nuestro corazón y a veces no hay a quien abrazar para decirles “te amo”; también tenemos un gran deseo de aprender cosas buenas y a veces no contamos con alguien que nos enseñe con paciencia.
Un niño que se llama Carlos Schulz, a los cuatro años de edad hizo un dibujo feo de su perrito, pero la maestra le dijo: ¡eres un gran pintor! Su padre también lo felicitó, lo abrazó y pegó el dibujo del perro en la pared. De ahí en adelante, cada dibujo que Carlos hacia, su padre lo ponía en la pared y les presumía a todos lo bien que dibujaba su hijo. Cuando ese niño creció fue el autor de Snoopy y muchos otros personajes.
Los niños nos convertimos en triunfadores si los adultos nos tratan como triunfadores. Los niños nos convertimos en problemas si los adultos nos tratan como problemas. Somos masilla en sus manos. ¡Por favor, papá, mamá, maestro, maestra, enséñenos lo bueno de ustedes! Adulto: los niños pedimos poco, no nos hagas malos; somos seres humanos ayúdanos a vivir y así, cuando crezcamos, podremos decirte: gracias por lo poquito que me diste, porque ese poquito fue justo lo que yo necesitaba para ser feliz…
Dirigentes del Mundo Futuro
Carlos Cuauhtémoc Sánchez
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